¡Ave, César!: Apología y burla del glorioso pasado de Hollywood

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George Clooney interpreta a la gran estrella Baird Whitlock la cual es secuestrada.

¡Buenas, seguidores de La 4ª Línea! Los hermanos Coen regresan a la gran pantalla con ¡Ave, César! (Hail, Caesar!), una película ambientada en el año 1951 de Estados Unidos. Concretamente, en plena época dorada tanto de Hollywood como de los estudios de cine. Uno piensa que va a ver una película que alaba el cine de aquella época pero pronto descubre que en realidad es una burla.

Los cineastas Coen se ríen de todas aquellas películas que se crearon en la década de los 40 hasta los 60 y que a mí me hicieron disfrutar. Escuela de sirenas, cualquier película de Gene Kelly, Marilyn Monroe, películas históricas como Ben-Hur o Cleopatra (casi lleva al estudio Twentieth Century Fox a la quiebra) o de ambientaciones bíblicas como Los diez mandamientos.

Se trata de una crítica para todos aquellos defensores románticos del cine de época. Resulta que en Norteamérica hay muchos que desprecian el nuevo cine porque ya no es como antes. Un crítico, un  estudioso de la historia del cine o un fan acérrimo suelen ser los que más alaban el pasado glorioso de los estudios de cine. Con la típica frase: “Es que antes se hacía cine del bueno, no como ahora que todo está hecho por ordenador”.

Pues a todos esos románticos os diré que los Coen te dan cine del bueno actual (y  ambientado en los años 50). Una burla perfectamente ambientada con todo lujo de detalles de cómo es un estudio de cine por dentro para convencer al espectador de que no es oro todo lo que reluce.

Maldita sea, un claro ejemplo de la cinta es que sale la típica estructura “musical” y de baile de claqué. Una escena cualquiera en la que tras una conversación introductoria te adelantan de qué irá el número musical. Empiezan a cantar una canción sencilla y pegadiza que a duras penas aporta un diálogo inteligente pero intercalada con los sí ingeniosos y rebuscados pasos de claqué. El amigo del protagonista haciendo de papel humorístico, la tercera persona que apoya el humor de la escena. Tal cual. Copias y pegas el formato en toda película musical y listos.

No es que los hermanos Coen rechacen el pasado. No es mejor ni peor. Funcionó en aquel contexto histórico pero llevarlo a cabo en la actualidad sería irrisorio o aburrido. ¿Se imaginan escenas de claqué en Los Miserables? Absurdo.

Por ello, filmar una película de todas aquellas escenas que en la actualidad nos parecerían ridículas sin un hido conductor común no sería posible. La pieza clave de ¡Ave, César! es Josh Brolin. El actor se mete en la piel de Eddie Mannix, interpreta a un mediador del estudio que trabaja a tiempo completo por poner algo de cerebro en las meteduras de pata de terceras personas. Ya al principio se nos presenta como un hombre religioso que ama su trabajo pero que le desquician las tonterías que cometen las celebridades. Por ejemplo, cuando salvaguarda la imagen que da al estudio que una de sus estrellas realice una sesión fotográfica subida de tono (para la época, claro) y no aprobada.  

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Escena que muestra que una estrella no es una persona con ideales sino un producto del entretenimiento que sirve a una empresa.

En realidad, la trama principal es que un grupo de guionistas comunistas han secuestrado a la gran estrella Braid Withlock. Pero la percibo como una historia secundaria. Para mí, el eje de la película es el día a día de Eddie Mannix y la decisión que toma respecto a si continuar o abandonar su actual trabajo.

Le vemos como al único personaje cuerdo entre un montón de escenas irrealistas y  personajes egocéntricos a los que se les oblusa a encajar en un perfil. Edad de oro o actual, lo cierto es que se anula la personalidad de la celebrity para ser un producto que consumen millones de personas. Se les da una falsa libertad siempre y cuando sus ideales no corrompan con la imagen de la empresa.

Tengo que hacer un obligado paréntesis. Memorable es la escena de Jonah Hill, un agente usado para cubrir esas meteduras de pata. ¿El artista tiene que cumplir condena? No pasa nada, hay una persona jurídica que puede ir a la cárcel por él. Su paso por la película es escueto pero cala en la mente del espectador.

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Scarlett Johansson es una libertina actriz la cual no casa con los ideales femeninos del estudio.

El resto del elenco interpretan a actores que pueden brillar más o menos en pantalla pero que buscan la bien conseguida sátira en su puesta en escena. 

En fin, es una película recomendable de ver pero sólo a los que han visto el cine dorado de Hollywood. Sin ese bagaje, la película es entretenida pero no llegas a apreciar en su totalidad el objetivo de la puya o sus dobles intenciones.

Lo admito. Soy una fanática del cine hollywoodense de aquella época. No es que me haya tragado todas y cada una de las películas de indios y vaqueros que recreaban el salvaje oeste. Pero tienen un sitio especial en mi filmoteca. Al igual que lo tiene ¡Ave, César! en mi futura colección. Es una crítica humorística pero su gusto por filmar en auténticos exteriores de estudios cinematográficos bien se merece una alabanza.

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