Buscando a Dory: cuando recordar a la familia cambia tu vida

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¡Bienvenido a La 4ª Línea! Tenía muchas ganas de contarte mi visión sobre la película de Buscando a Dory, que lleva tiempo en las salas de cine. Pixar vuelve con la segunda parte de este título, personalmente mi favorito, en el que esta vez es Dory la que emprende un viaje con el objetivo de encontrar a su familia.

Pero antes de meterme en las profundidades del mar, quiero quedarme en la orilla. El nuevo corto “Piper” de Pixar es posiblemente el personaje más adorable que vas a ver en la pantalla. Un pequeño pájaro marino que se alimenta de pechinas que se esconden bajo la arena. Su particularidad es que tiene miedo al mar porque en su primera excursión se le atragantó una ola. Este pequeño deberá afrontar las dificultades con valor y, gracias a la amistad, se fortalecerá. Pudiendo así vencer sus temores.

Este corto es una joya en la gran pantalla. No sólo la música es preciosa, sino también la riqueza de decorados y escenarios. Los personajes logran salir de la pantalla e insuflar alas en nuestro corazón. Una historia tan simple y con la que poder sentirse identificado. Al fin y al cabo, la vida trata de eso. Recorremos nuestro sendero marcado por obstáculos y sólo cuando los afrontamos, podemos hacernos más fuertes.

Con semejante inicio, uno se prepara para un largometraje prometedor. Y así ha sido, al menos para mí. Buscando a Dory sigue la esencia de lo que nos gustó de la primera. Nada ha cambiado en estos trece años, desde que en 2003 se estrenara Buscando a Nemo. El tiempo se ha detenido para nosotros en una historia que continúa exactamente igual a dónde la dejamos.

Marlin, Nemo y Dory son una familia. Su carácter y personalidad no ha cambiado, siguen siendo ellos. Para Marlin su hijo es lo más importante y quiere que crezca sano y a salvo. Nemo quiere que Dory se quede junto a ellos toda la vida y que compartan muchos recuerdos. En cambio, Dory es un pez cirujano con problemas de memoria a corto plazo que quiere a su nueva familia.

En esta segunda entrega, Dory recuerda a sus padres cuando era pequeña, justo antes de perderlos. Decidida a reencontrarse con sus progenitores, se embarca en un viaje sola hacia el instituto de biología marina de Australia tras pelearse con Marlin. Cuando el pez payaso se da cuenta de su error, emprende el viaje acompañado esta vez de su hijo Nemo para recuperar a Dory, un pez muy importante en la vida de ellos aunque a Marlin le cueste darse cuenta.

La introducción de nuevos personajes en pantalla es acertada. Se nos va presentando poco a poco y nos cautivan con su personalidad. En especial, el pulpo. Un tipo cascarrabias egoísta con buen corazón que se cree un solitario pero acaba apreciando el valor de la amistad. 

El resto de la historia te la imaginas plagada de humor y aventura. Pixar nos recuerda con esta segunda entrega la importancia de la familia. Da igual qué miembros la componga. Pero también es tradicionalista al incorporarlos en el relato. La importancia de la memoria y el amor fraternal.

Así que es una película muy recomendada para ver en el cine. En mi caso, fue Buscando a Nemo la película del estudio que hizo que me gustara Pixar ya que la historia de los juguetes “Toy Story” la veía demasiado enfocada en el público masculino. No es que esta sea una historia de chicas, es simplemente, para toda la familia.

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