Adventures in Barcelona: vivir en una gran ciudad

Vivo en Barcelona desde hace cuatro años. Soy de Alicante y me he mudado varias veces. Quizás algún día me iré de la ciudad condal. Realmente, nunca quise hacer una entrada en el diario de viajes con Barcelona. Básicamente porque considero mi punto de vista contaminado. No son los ojos de una persona que lo ve por primera vez. Además, tengo sentimientos encontrados con esta ciudad. Por una parte, la vida en la ciudad es estresante y por la otra, no concibo mi vida sin estar rodeada de sus ventajas. No obstante, me parece que tener la oportunidad de enseñaros Barcelona y no hacerlo, es un error.

La primera vez que vine a Barcelona era pequeña, fue una visita rápida cuando fui con mi familia a Disneyland Paris. Mis recuerdos eran parches y el parque temático acabó por diseminarlos del todo. Cuando conocí a Ernest me atreví a viajar a Barcelona para conocerle. Recuerdo la sensación que me transmitió la ciudad. Era una jungla de altos edificios, con largas calles. Tan grande y tan basta que te traga, te engulle y te escupe, sabiendo que no perteneces a este lugar. Desde el primer día me sentí insignificante. Mi intuición o llámalo como quieras, me decía que ser alguien en Barcelona me resultaría imposible.

Puedo decirte que tras cuatro años viviendo aquí, la sensación persiste. Pese a estar rodeada de gente, te sientes sola. Hace cinco años que terminé la carrera de Periodismo, me mudé con la esperanza de encontrar mi primer empleo en un medio pero sólo he encontrado rechazo. Lo peor es que pasan los años y me siento desfasada. Por eso hago este blog, si voy a trabajar gratis, que al menos sea de lo que me guste y para mí.

Las ventajas de la ciudad

Entonces, ¿qué tiene Barcelona de estupenda? Como ciudad para visitar es preciosa. No me extraña que los turistas queden maravillados. Tiene calles enormes, edificios arquitectónicos que son obras de arte y mucha cultura. Ideal para turistas.

Es la ciudad de Gaudí. Convirtió los edificios en cuadros urbanísticos. Por no hablar del parque Güell. Es la ciudad de Joan Miró, Ferrán Adriá, Monserrat Caballé y otros famosos que nacieron o pasaron un tiempo en sus tierras.

El transporte de Barcelona es un punto a favor. Su red de líneas de metro, bus, tranvías y ferrocarriles te permiten desplazarte sin necesidad de coche. Puedes trabajar en cualquier sitio porque la lejanía no es un impedimento. Parece una tontería el transporte pero te ayuda a planificar mejor tu tiempo. Recuerdo que la primera semana me reía de la gente que corría cuando veían el tren llegar a la estación de metro. Como si esperar dos o tres minutos marcara la diferencia. Actualmente me amargo por estar sola y esperar el metro. Y no te digo en fin de semana o huelgas cuando llega de entre 5 a 15 minutos. Vale, admito que no corro como loca y me tiro dentro del vagón cuando suena la alarma, pero mentiría si no te dijera que lo he llegado a hacer. Varias veces.

Otro punto a favor. El abanico de actividades para enriquecer tu ocio. En Barcelona tienes exposiciones, eventos, teatro, cine, talleres, mercados, cursos y actividades todos los días. Siempre hay algo que hacer en fin de semana. Es imposible aburrirse. Hay cosas que hacer para todos los bolsillos, de pago o gratuitas. Para las familias, las parejas o los jóvenes. Tantas cosas que muchas veces te las pierdes. Hay eventos de los que me entero de casualidad. La verdad, no existe un lugar que te informe de todo lo que se puede hacer en la ciudad, eso en parte te obliga a estar pendiente de webs, carteles y periódicos para enterarte de oportunidades. Una vez que te acostumbras a vivir rodeado de cultura, ya no hay vuelta atrás a la monotonía.

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Los cine Phenomena ponen películas en versión original y con proyectores de 35mm y 70mm / Foto de IR

Yo no podría volver a Alicante, por ejemplo, me aburriría por la falta de vida en fin de semana o la carencia de eventos chulos. Allí, el ocio se encuentra en una discoteca. No soy una persona que se va de marcha. Hay gente que la noche es su fiesta. Yo soy la amante del día. Con lo que mis opciones son muy limitadas fuera de una gran metrópolis.

En Alicante hay desfiles en Semana Santa, música hasta el amanecer y pasacalles por las fiestas de moros y cristianos y calles cortadas durante días por las Fallas. El resto del año, se reservan para estas fiestas. Por cierto, en Barcelona no hay desfiles de Semana Santa, eso gana para mí.

Más ventajas, en la ciudad condal hay de todo. Aquí encuentras productos importados de todas partes, está casi todo. Tienes a tu alcance tiendas internacionales (marcas de ropa, maquillaje, libros, videojuegos, comida, etc), cines (comerciales, independientes, de autor, de versión original…), supermercados… Hay opción de elegir. Es muy importante esto para mí porque no me gusta sentirme limitada.

Un ejemplo, cuando voy a una cafetería a tomarme un café con leche de soja, sé que en la mayoría de bares, cafeterías y restaurantes de Barcelona tienen leches vegetales.

Cuando viajo a Alicante y esto no es coña, siempre pregunto si tienen leche de soja. Cuando me dicen que no, me entra el pánico y pregunto más opciones: sin lactosa, de avena, de arroz… Pero al final sólo tienen un tipo: semi desnatada. ¡La leche de vaca me sienta fatal! Parece una tontería pero una vez que te acostumbras a la variedad, cuando te falta, la echas de menos. Yo necesito tener opciones.

Las desventajas de BCN

Entonces, ¿qué tiene de malo Barcelona? Desde mi punto de vista, son las personas. La actitud que tienen y en qué se convierten. Eres invisible. Esto no me cansaré de decirlo. Nadie te mira cómo vistes o qué haces. Esto no tengo claro si es una ventaja o algo negativo. Puedes teñirte el pelo de colores y nadie te señala. A nadie le importa cómo vas vestido. Puedes caminar arrastrando una silla de oficina por la calle y es como si no existieras (esto lo he hecho yo). Parece bueno este grado de libertad y camaleonismo. Por otra, la pasividad de los que te rodean permite a la gente que se salte las normas porque nadie te mira.

Como en Barcelona a nadie le importas, te conviertes en un ser maleducado, desconsiderado y egoísta. Sólo importas tú. En el transporte público, la educación y el sentido común es dejar salir antes a los que están dentro y no irrumpir como una manada salvaje al interior, empujando y pasando de todo. O que los asientos libres se conviertan en carreras de velocidad entre la tercera edad y los demás. Ya he visto a muchos ancianos andar lento y de pronto convertirse en auténticos guepardos cuando ven que alguien se levanta.

No quiero generalizar. No todo el mundo es así, hay de todo pero es una característica que tienen en común las ciudades muy grandes. Igual que si os digo que no son tan abiertos como en los pueblos. Donde todos se conocen. Pese a ser una ciudad que acoge personas de todo el mundo, me sorprende su rigidez. Evidentemente, me he encontrado con personas que no tenían problemas en querer hacer nuevas amistades, pero por lo general, no te ponen fácil entrar en su círculo. Hay de todo, pero es lo que más he observado en este tiempo.

La competitividad es otro punto negativo. Hay trabajo sí, me vine porque esperaba que fuera la tierra de las oportunidades. Pero por cada oferta se apuntan cientos y cada vez te exigen más por menos dinero: idiomas, ser menor de 25 años y con 5 años de experiencia, master, doctorado y la firma oficial de Obama. Abunda el trabajo de camarera o dependienta, a patadas. De periodismo, si no eres becario, se te cierran oportunidades. Eso sí, esto pasa aquí y en cualquier rincón de España. Me fui de Alicante pensando que mejoraría mi situación. Pero la solución no está en mudarse. El problema del trabajo es un problema nacional. No se está invirtiendo en I+D ni en el talento como el mío. Algún día me preguntarán dónde estaba y les diré lo mismo.

Hay normas absurdas. No se puede plantar un trípode en la calle sin el permiso del ayuntamiento. Luego las hay normales: no se puede ir en bañador por la calle o sin camiseta.

Todo es caro. La vivienda, salir a comer fuera, el ocio, el transporte (taxis)… por cierto, los pisos suelen ser viejos, llenos de humedad y pequeños. En una habitación de Alicante me cabía la cama, dos armarios, escritorio, cómoda mesita y sitio para bailar. Aquí das cuatro pasos y ya tocas la pared. Depende del barrio pero puedes alquilar piso en la zona más barata por unos 600€ (estos desaparecen) hasta 1.200€. Los he visto más caros, todo depende de la zona. Si quieres más espacio y pagar menos, vete a las afueras.

Termino diciendo que comer fuera es una aventura, hay sitios buenos pero hay que arriesgarse y cuesta encontrarlos. Por lo general, se come decente. Y no saben hacer paellas, al menos lo que yo llamo PAELLA. Que cada vez que veo la pinta del arroz en los restaurantes, pongo muecas.

Hasta aquí el artículo. Prometo que el siguiente ya será más turístico, de hecho tengo preparado la Sagrada Familia y el Park Güell. Espero que te gusten mis aventuras en Barcelona.

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